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El comentario editorial de Miguel Jurado sobre el Premio para estudiantes SCA - Clarín me permite, también como jurado, redactar esta reflexión.

Miguel se pregunta cuántos programas con temas de interés social hubo en las entregas para el concurso. Respondo que un 21% de las presentaciones trabajaron sobre esos programas, reflejados en proyectos de vivienda, planeamiento o edificios de apoyo en barrios carenciados.

Como vemos, no es un tema ausente y tal vez llamó la atención que sólo un trabajo que abordó la temática social, haya obtenido una distinción.

Por esto creo necesario explicitar los criterios acordados entre los jurados al establecer los premios y particularmente el primero.

El proyecto ganador no fue premiado por el programa. Fue premiado por la arquitectura que propuso para ese programa, el reconocimiento del sitio donde se implanta, el estudio de los antecedentes y la identificación de un usuario específico. También por atender el interés del comitente -el estado nacional- y la interpretación del deseo de una urbanización incipiente en un continente casi deshabitado, la tecnología propuesta, la posible forma de ejecución y por último la síntesis de todas estas condiciones en una presentación de gran calidad de diseño y resolución.

En mi opinión, la enseñanza de la arquitectura y la arquitectura misma como profesión, tiene la especificidad suficiente para mantener una cierta autonomía de otras disciplinas que la complementan. Cuando la sociología, la literatura, la historia, la economía, la religión, la filosofía o la política toman el mando del proyecto, la arquitectura pasa a segundo plano. Todos los errores y omisiones del diseño se justifican, amparados en la coartada que ofrece el trabajar para un fin que se considera más noble o superior que la propia arquitectura.

Veamos algunos ejemplos presentados al concurso.

Uno de los proyectos era para un hábitat de emergencia. Esas unidades al estar resueltas en dos niveles, no parecían atender a una emergencia sino a la permanencia y consolidación de la precariedad.

Lleva un tiempo entender que este resultado no es irreflexivo o casual, es la expresión de un pensamiento alentado por algunos sectores que reconocen en la pobreza el estado ideal de una sociedad. Una comunidad en armonía, sin disenso ni ambición, con el acuerdo de todos, dirigida por algunos. Sin discutir el acuerdo o no con este pensamiento, desde la arquitectura y su enseñanza, al menos debemos garantizar que si proyectamos un techo para los sin techo, no llueva en el interior. Las viviendas presentadas, hechas en madera, tenían una cubierta plana de madera.

Otro de los proyectos, planteaba viviendas sociales en dos niveles, con un solo dormitorio, con estar en doble altura donde solo faltaba poner unos tirantes para agregar la (lógica) nueva habitación. Es importante entender que el costo ínfimo de ese dormitorio, que ya tiene muros, cubierta y servicios, no hace ninguna diferencia al momento de construir la obra. Ubicado en Misiones, proponía una estructura metálica. Sobre la terraza accesible, una cubierta de chapa alentaba el crecimiento y en el render del conjunto, un cartel de SE ALQUILA, mostraba con descuidada crudeza el destino que se intuye para esas habitaciones superiores.

El tema de lo que da en llamarse vivienda social, es de gran complejidad y requiere el conocimiento y la información que surge del estudio, el compromiso o por estar involucrado en esa práctica profesional. No solo está en juego el hábitat, también están en juego los recursos públicos, los de todos nosotros, y debieran ser utilizados con la mayor responsabilidad por parte de quienes los administran ocasionalmente.

En esa línea de pensamiento hay que reconocer que sólo podemos transmitir lo que sabemos y en nuestra disciplina no sólo hay que enseñar a pensar ya hacer, hay que enseñar a ver.

El proyecto de vivienda social que obtuvo la segunda mención, si bien es correcto en términos generales al plantear la urbanización de un asentamiento precario, tiene una suma de desajustes que debieran ser corregidos o señalados al momento de guiar a los estudiantes.

Uno de los problemas más graves que sufren los conjuntos y el proyecto debe resolver, es la indefinición de los consorcios o la gran cantidad de unidades integradas en uno solo. Cuando son muy numerosos, basta que uno o dos dejen de pagar los gastos comunes, para que todo el conjunto haga lo mismo y el edificio deba ser rescatado y mantenido en el tiempo con el aporte del estado. En muchas urbanizaciones los espacios comunes de todos, terminan convertidos en tierra de nadie.

Es normal que se hable de cantidad de viviendas construidas. Considero más preciso hablar de cantidad de dormitorios. Las unidades de 1 dormitorio deben ser desalentadas en los proyectos de vivienda social y explicar el por qué al momento de su enseñanza.

En una vivienda de 1 dormitorio vivirán a lo sumo 2 personas en unos 45 m2. Con un dormitorio adicional, podrá duplicar el número de habitantes. Con un 20% de superficie adicional y el 5% del presupuesto, se duplica la solución habitacional. Si ampliamos a 3 o 4 dormitorios, podemos utilizar el coeficiente 1,6 para saber cuántos habitantes puede llegar a tener un conjunto.

Hay que reconocer que los balcones cerrados en dos o tres lados, con piso y techo, generan las condiciones ideales para colocar la carpintería que los transforme en una nueva habitación que anula la ventilación e iluminación del estar. Sabemos por la experiencia, que los techos de hormigón, están a la espera del crecimiento de algunas unidades informales en la terraza.

La cantidad de niveles es un tema crítico. A partir de los 4 pisos será necesario un ascensor. Los habitantes de la planta baja y del primer piso más algunos del segundo piso tal vez no lo usen, pero tendrá una carga mensual importante en su economía, o sea: conflicto en puerta. Para amortizar el mantenimiento del ascensor será necesario pensar edificios de más de 6 niveles.

Sin ascensor, hasta 3 pisos y el último en dúplex puede ser una solución. Pero en este caso la complejidad de las plantas se incrementa llamativamente. Las plantas bajas son atípicas porque llevan hall de acceso y están destinadas a personas con movilidad reducida. El primero y segundo piso son la planta tipo, mientras que el tercero corresponde al estar-comedor-cocina ya la escalera interna que conduce al cuarto nivel de los dormitorios. No es fácil resolver la estructura e instalaciones en esta tipología, pero vale la penalo porque es la forma de hacer un uso eficiente del suelo, con una densidad adecuada ya un bajísimo costo de mantenimiento.

Es importante considerar la integración de esas viviendas. Tratarlos como hechos aislados y separados del resto de la ciudad, con otras reglas de circulación y seguridad consolidar la segregación. Los conjuntos deben estar sobre calles con veredas, con alumbrado y arbolado alineado, calles con nombre y edificios con número en la puerta. Atender estas premisas es tan fácil de cumplir como difícil de encontrar en los proyectos de facultad.

En conclusión, si más proyectos de interés social hubieran incluido soluciones o aportes legítimos a algunos de los problemas señalados, sin duda habrían recibido más premios y reconocimiento.

Los jurados del premio SCA Clarín 2020, leímos los textos, las proclamas y las buenas intenciones, pero con el interés puesto en el objeto de la convocatoria: mirar, reconocer y premiar al producto de la enseñanza de nuestra disciplina, el proyecto arquitectura. 

 

 

 

claves de proyecto para la vivienda social

Por Mario Boscoboinik

Artículo publicado en el diario Clarín de Arquitectura

29 de diciembre 2020

Vivienda tradicional de campo, con alero

En una vivienda de 1 dormitorio vivirán 2 personas en 45 m2. Con un 20 % de superficie adicional y el 5% del presupuesto, se duplica la solución habitacional.